La Biblia confirma la teoría de que Jesús tuvo descendencia y explica por qué era necesario mantener esto en secreto: los que crearon el misterio en el que se basa la Biblia sabían que Jesús no sólo era un descendiente de Henoc (el único antepasado prediluviano de Jesús que «anduvo con Dios»), Abraham y el rey David, sino que todos ellos habían encarnado un mismo espíritu. Sabían así que este espíritu luego se reencarnaría en un descendiente de Jesús, en su segunda venida.
La crucifixión simbolizó cómo su sangre, su descendencia, se cruza para atraer en el futuro a este espíritu tan especial. Las 14 estaciones del Vía Crucis deben hacernos recordar las 14 generaciones que, según el Evangelio de san Mateo, hay entre Abraham y David, entre David y la deportación a Babilonia y entre la deportación a Babilonia y Jesús. Asimismo, también hay 14 generaciones entre Henoc y Abraham, algo que san Mateo omite. Esto demuestra que fue el espíritu de Henoc el que luego iluminó a Jesús.
Dos mil años después de Jesucristo podemos ser todos descendientes suyos. ¿Estará entre nosotros el Mesías?
Mucha gente no quiere oír hablar de la religión. Consideran que esta ha causado mucho sufrimiento a la humanidad. Pero no es la religión la que ha hecho daño, sino las personas que han actuado a lo largo de los siglos en su nombre.
En el origen de la religión está el deseo de una mejor convivencia. Para conseguirlo, fomentó la búsqueda del conocimiento, de la verdad. Si durante mucho tiempo esta búsqueda se convirtió en un adoctrinamiento, ahora ha llegado el momento de regresar a los orígenes.
Este adoctrinamiento por parte de la religión fue causado por el carácter hermético de los textos sagrados. Nuestros antepasados crearon la Biblia para alertar en el futuro a esta generación que tendría que enfrentarse con unas circunstancias similares a las de su época, y que, en su momento, habían causado un gran desastre que, finalmente, derivó en el diluvio universal. Estas personas sabían que durante muchas generaciones ni los guardianes de estos escritos entenderían sus secretos. Pero no importaba porque en el momento adecuado alguien, el Mesías, lograría captar su mensaje original.