Por Laura Muñoz Hermida.
Durante los pasados días 4 y 5 de junio la ciudad de Zaragoza volvió a experimentar el aura mágica del innovador proyecto que ideó Fernando Marías y produce IMAGINE EDICIONES: Hijos de Mary Shelley. En una de las salas de Capitanía General pudimos disfrutar de los cuentos de Ignacio del Valle, Irene Gracia y Jon Bilbao.
Es habitual en las performance que Fernando e Imagine organizan los detalles que las hacen únicas y, en esta ocasión, la regla con Hijos de Mary Shelley es que, cada uno de los “herederos”, debía llevar consigo un objeto que ilustrara su creación. En este caso, la temática de las jornadas en la Feria del Libro de Zaragoza rezaba “Vampiros, zombies, espectros y otros enamorados”. ¿Qué objeto podría llevar un autor consigo para poner imagen a su relato basado en un amor postmortem?
Ignacio nos llevó a una habitación convertida en cárcel, la celda de la pena eterna que nos relata con destacada intención, con una especial cadencia en su voz que nos acompaña hasta su desenlace. Su objeto, una llave de hotel. Una que abre la puerta de la habitación en la que los que ya no confían se buscan a sí mismos, una donde un alma está condenada a la eternidad.
Por su parte, Irene Grande, desbarata las expectativas, rebasando todo pronóstico. Con un grado de afectación importante, desde el principio de su exposición, nos confiesa que no ha traído objeto. Fernando Marías, como moderador, y la totalidad de la sala esperamos una respuesta a eso. Irene nos contesta con su cuento: “La novia negra”. Gracia heredó un vestido de novia negro de un antepasado hacía tiempo, traje reclamado por una amiga para su inminente boda. Ella, por supuesto, accedió a su petición. Esa amiga, tras la boda, no volvió a dar señales de vida. Desapareció junto con el vestido negro, por lo que nuestra creadora no nos lo puede mostrar en esta ocasión. Una desgarradora historia que comienza con un fin. Una novia convertida en viuda al término de su boda cuando su reciente marido muere ante ella, utilizando su último aliento para pedir venganza. Ella, enamorada como se dejó constar en la ceremonia, “en la vida y en la muerte”, se lo promete. La oscuridad de las palabras que componen el relato de Irene inunda la sala de Capitanía General y tenemos claro que podemos perdonar la ausencia de su vestido… Sus gestos y tono de voz ilustran a la perfección ese cuento de celos, traición, venganza y sangre que nos ha traído hoy. Una creación de velocidad frenética donde la sangre brota espontánea, donde los muertos vuelven a la vida mientras los vivos quieren morir.
En el caso de Jon Bilbao, la atención por parte de los asistentes es cuestión de inercia. Desde el comienzo de su cuento, rollo de alambre en mano, uno no se puede desprender y, como dijo él mismo: “no subestimemos el poder dramático de un rollo de alambre”. Nos presenta una situación conocida y habitual en la vida de cualquiera: la relación de un padre y un hijo. No comparten demasiadas cosas, de hecho, hace tiempo que no hablan, que no se tratan. Llega la noche en que se encuentran charlando en la cocina de la casa donde el hijo vive con su mujer. Un hijo que necesita a su padre y acude en su busca. Sin duda, un amor entre padre e hijo que a nadie extraña y que todos comprendemos sin necesidad de mucho detalle. Pero hay un problema. El padre está muerto, es un esqueleto que sólo su hijo puede ver. Retoman una relación que quizá nunca antes tuvieron y se sienten cerca. Un sencillo amor postmortem que llena la sala de ternura y que, sin duda, a más de uno nos hará pensar.
Ha terminado la primera jornada prevista en Zaragoza, despedimos a algunos de los “herederos” para acoger a otros nuevos.
El domingo amanece con sol para dotar de luz las oscuras palabras que comprondrán los cuentos. De nuevo las ocho de la tarde en el “centro de operaciones” de Hijos de Mary Shelley. Tres sillas, dos personas. En un extremo Vicente Molina Foix y, en el otro, Marcos Giralt. La silla entre ellos vacía. Fernando Marías dispuesto en uno de los laterales de esta mesa de hoy, acerca el micrófono a su boca para informar a los presentes que Vanessa Montfort no podrá acompañarnos en esta ocasión. El misterio se intensifica cuando Marías comparte con los presentes su fe en Mary Shelley, contagiando el convencimiento de poder invocar a otro de sus hijos para que nos acompañe en esta segunda velada literaria en Zaragoza.
El primero en comenzar es Vicente Molina Foix, que nos regala un cuento macabro, adornado con píldoras de humor entre líneas. Una pareja que se conoce en un parque donde él recita en alto, para asombro de ella y su perrita. Él muere, accidentalmente y ante la mirada atónita de su reciente mujer, su recién adoptada mascota y el resto del equipo teatral donde trabaja. Hay un ángulo especial desde donde se observa la historia, que ocupa la mirada de admiración de Sucram, la que ya intuimos será la protagonista principal. Sucram ama a su “dueño adoptivo” con la misma intensidad que su dueña lo hace. No podría ser de otra manera, Vicente nos acaba de contar que el difunto, antes de morir, había regalado a Sucram un bonito collar blanco que, por cierto, ha traído consigo. Por todo esto, Sucram llora con igual amargura que la viuda la pérdida, desarrollando un instinto de venganza, atendiendo a la perfección a su más primario instinto animal. Sin duda, uno de los más puros estados del amor.
La silla central sigue vacía y es el turno de Marcos Giralt, que corta la respiración de los presentes al mostrar, al comienzo de su cuento, el objeto que ha traído: un puñal antiquísimo que heredó de su familia, objeto de traición y muerte. Giralt nos transporta a una Galicia antigua, olvidada quizás, donde sus habitantes pescaban para sobrevivir, así como su familia lo hizo. Extraña sensación al mentarnos la Santa Compaña, los gallegos lo entenderéis muy bien…
Marcos recrea el sentimiento culpable de la época que siente una mujer casada (su bisabuela) al saberse enamorada de un primo. Los inquietantes sucesos que Marcos nos relata siempre están acompañados por la presencia del puñal, que observa y escucha desde la mesa. Su amor postmortem lo define una frase final: “este es tu padre que viene a buscarme”.
Fernando Marías retoma la palabra y confirma que su convocatoria, la que encargó al espíritu de Mary Shelley (que doy fe nos acompañó desde que llegamos a Zaragoza), ha funcionado. Desde el primer momento de este encuentro que compartimos, alguien entre nosotros es quien ocupará la silla central, hasta ahora vacía. Las miradas comienzan a moverse entre las sillas repletas de gente, buscando el candidato perfecto. Patricia Esteban Erlés surge entre el público y toma asiento entre Vicente y Marcos. Sostiene algo en la mano que aún no puedo ver.
“Comeback” es el título de su creación y ya nos muestra el objeto: una tira de capsulas. Nuevo intercambio de miradas y el comienzo de algo que no nos dejará igual. Una coincidencia en el ascensor hace que la protagonista de su cuento (ella misma) tenga un encuentro que lleva evitando mucho tiempo con una de las vecinas de su bloque. Hablan a pesar que ella se muestra reticente al principio y se crea una relación adictiva entre ellas gracias (o por desgracia) a las cápsulas “comeback”. Una serie de visitas a un local ubicado en un extraño barrio de Zaragoza que desata la necesidad de consumir. Un vicio que hace que ame esa necesidad y necesite pagar cantidades ingentes de dinero, que hace que engañe a su marido e hija para poder conseguirlas. Las “comeback” te llevan donde quieres que te lleven. Un momento feliz que dejaste pasar y necesitas volver a vivir. Unas palabras que quisieras no haber dicho y otras que se quedaron sin decir. Las “comeback” te hacen regresar.
El intenso cuento de Patricia no deja indiferente a nadie y me atrevo a afirmar que, todos los que escuchamos en Capitanía General, queremos una de “esas”.
Como el fin de semana anterior, el proyecto Hijos de Mary Shelley ha conseguido reunir un grupo de gente que admira el poder de la palabra, de la oratoria, de la representación…De nuevo los “herederos” han conseguido despertarnos.
Y comienza otra semana, pero no es otro lunes más. Hijos de Mary Shelley se trasladan a la ciudad de Bilbao para compartir este especial proyecto en su Feria del Libro. Bajo un manto de lluvia intensa y dramática, Fernando Marías lucha para que su voz se escuche entre las sillas que ocupan los asistentes a la carpa reservada para el evento. Ante nosotros de nuevo la ilusión por este proyecto, un sentimiento que notamos sólo con mirar al anfitrión: luce camisa con los mismos colores impresos en la portada de Cronotemia y otros viajeros del tiempo. Explica a los asistentes en qué consiste esta suerte de performance que están a punto de disfrutar y nos presenta a los protagonistas de hoy: Jon Bilbao que nos relata su amor postmortem entre un hijo y su padre muerto; Irene Gracia que interpreta su cuento como nadie y Vicente Molina Foix que nos vuelve a encandilar con Sucram para luego mostrarnos el lado más salvaje del amor.
Nadie antes había conseguido parar unos cuantos litros cuadrados de agua que caen, como una especie de amenaza (o quizás con cierta envidia), del cielo. Una jornada más, Hijos de Mary Shelley sorprenden al público bilbaíno con sus cuentos, desafiando incluso a los elementos.
¡Hijos de Mary Shelley han vuelto a ganar la partida!

