200 años y parece que no hubiera pasado el tiempo – Laura Muñoz Hermida
El pasado sábado 28 de mayo tuvo lugar el alumbramiento de algunos de los HIJOS DE MARY SHELLEY. IMAGINE EDICIONES ya adelantó lo que venía pero, aún habiendo aprendido a lo largo de los años a prever situaciones, esta vez se equivocó. La realidad, como viene siendo habitual últimamente, superó la ficción y también las previsiones. HIJOS DE MARY SHELLEY tomaron la ciudad de Zaragoza, convertida en centro de operaciones del innovador proyecto que Fernando Marías ideó y que IMAGINE EDICIONES materializó con el apoyo de Ámbito Cultural de El Corte Inglés.
Convocada la prensa y todo aquél que sintiera curiosidad por la llamativa palabra que es CRONOTEMIA, nos encontramos en la tercera planta de El Corte Inglés de Zaragoza, Sala Ámbito Cultural. Presentes y ante nosotros, vemos a Juan Bolea, coordinador de la Feria del libro de Zaragoza, Ramón Pernas, director de Ámbito Cultural y Fernando Marías, director del proyecto. Les separa de nosotros la barrera infranqueable, al menos en este momento de desconocimiento, la portada varias veces clonada a lo largo de la mesa de “Cronotemia y otras historias de viajeros del Tiempo”. Compartiendo espacio entre el público tuvimos a Silvia Pérez Trejo, directora de IMAGINE EDICIONES y, por supuesto, a algunos de los autores, como Espido Freire, Luis Alberto de Cuenca, Pedro Ramos, Patricia Esteban Erlés, Antón Castro, David Lozano y Manuel Vilas.
Bolea, Pernas y Marías son los encargados de introducirnos en el mundo del que ya no saldremos, por la maldición o por el deseo espontáneo que despierta la “carita” del nuevo bebé. Notamos, en las primeras palabras de la exposición, que se trata de un proyecto gestado desde la ilusión y con un alto grado de implicación. La obra es presentada como “un artefacto que ahora os explicaré qué es”-dice Fernando mientras sostiene el primer volumen de los “herederos”-.
¿Cómo no se va a despertar el aura de la convocada?
¿Cómo pretende que ahora, aún sabiendo el peligro que corremos los que nos hemos visto implicados, queramos salir de semejante tinglado?
Es lo normal con Fernando. Ya nos tiene a su merced, así que nos lee (y dramatiza creo que sin intención sino por necesidad) el prólogo, líneas que dan las primeras pistas de lo que vamos a encontrar bajo el reloj que pierde(o gana) sangre en vez de arena. Párrafos que nos acercan al pasado, nos despegan del presente y hacen que tengamos que pensar en un futuro diferente al que imaginamos ayer… Después del primer viaje en el tiempo nada vuelve a ser igual.
La Sala Ámbito Cultural acogió a numerosos seguidores de los autores que han llenado las páginas de este primer volumen de HIJOS DE MARY SHELLEY, y tras la puesta de largo de este especial y emotivo proyecto, se acercan para recoger su firma y conceder el honor de la eternidad a todas esas palabras que el espíritu de la señora Shelley despierta en cada uno de ellos.
Tanta es la ilusión, tan fuerte el calado de una mente prodigiosa, que autores y “mecenas” celebraron el nacimiento compartiendo una cena previa a la velada poética que vino después. De esta cena cabe destacar y extraer el gesto de todos y cada uno de ellos cuando, entre platos y copas, intercambian ejemplares de su CRONOTEMIA y se autografían los mejores deseos. Sin duda, son los elegidos porque deben serlo.
A las 22:30 llegamos a “Poeta eléctrico”, dispuestos a seguir disfrutando de creaciones góticas, poéticas, en prosa. Adivinamos el interés de los concurridos en el local por el inmenso silencio de la sala, que espera ansiosa la palabra que lo rompa. Lo hace Fernando mientras recuerda el proceso de creación del proyecto (y da la bienvenida al tigre de bengala que yace a los pies de Espido Freire). Siguen los autores que han colaborado en el tomo, leyéndonos poemas inéditos (Irene Gracia sorprendió gratamente al público con dos poemas realmente espectaculares, tintados con -dice ella- su tímida personalidad). Luis Alberto de Cuenca, entre Pedro Ramos y la ya inolvidable Irene, prefiere el pasado y nos lo demuestra mientras lee su aportación al proyecto: “Lo mío es el pasado”, inclinándose claramente a este tiempo y no al que vendrá. Espido nos cuenta, entusiasmada, que si tuviera la certeza y seguridad de salir viva de la experiencia, le encantaría vivir un momento peligroso y casi mortal ocurrido en el pasado. Ella nos lee y Pedro Ramos también lo hace. Nos entrega su “Estuvo aquí” y hace que mantengamos la respiración. Recita y golpea el suelo con el bastón que porta e imprime en los presentes la fuerza del tiempo. Tres, dos, uno… Tras la cuenta atrás, recuerda a Poe y Espido habla de la importancia de este maestro de las letras en su vida. Ha traído uno de los libros que sus abuelos poseían. Lo adora y nos acerca a él. Turno de Irene con su “Bestia” y de nuevo bocas abiertas donde no hay luz, otra vez sorpresa desde la fragilidad oscura de la poesía gótica. La releva Espido con la lectura del número 11 de sus Cuentos Malvados. Sencillo en su complicación, el silencio vuelve a acompañarnos desde los laterales de la sala, recogiendo las respiraciones. La velada avanza y se come la noche mientras Poe se resiste a abandonarnos, así que Luis nos regala su visión de “El Cuervo”.
Todas y cada una de las lecturas se nos presentan bajo grandes dotes de interpretación y puesta en escena, tanto que es imposible retener los aplausos de la sala al final.
Lo que pasó después, pasó y sólo el tiempo es su testigo. Ha comenzado el viaje.
Zaragoza acogió a HIJOS DE MARY SHELLEY como sólo una gran madre abrazaría a sus hijos y ellos devolvieron el gesto llenando la ciudad con la luz que sus palabras proyectan.



